Familia Murillo Luque

sábado, 6 de junio de 2026

Fundación de iglesias, pilar para la construcción de comunidades: Legado del movimiento de los hermanos libres y sus lecciones contemporaneas.

La vida de Antonio Murillo Arcos, el protagonista central de la obra "La Sombra del Seminario" se encuentra profundamente relacionada con la fundación de iglesias. Tales iglesias han servido de plataformas para la construcción de comunidades erigidas a parti de la argamasa proporcionada de una misma fe compartida, sencilla pero sólidamente fundamentadas en las enseñanzas de la Biblia. A principios de siglo XX, la época en la cual transcurre la historia, el concepto de religiosidad tanto en España como en Argentina, los dos escenarios de la narrativa, estaba estrictamente relacionada a rituales y liturgias muchas veces más formales que espirituales. Igualmente, las comunidades que se generaban en ambos países en torno a las iglesias católicas romanas reproducían los niveles sociales y jerarquías propias de la época, adoptando cada grupo el rol asignado: Las clases altas ocupando los primeros lugares, las clases medias en la mitad y las bajas hacia el fondo e inclusive los más pobres directamente fuera de las iglesias, mendigando y apelando a la caridad para sobrevivir. 

Pero cuando Antonio Murillo Arcos decidió dejar sus hábitos como sacerdote para vivir una vida de cristiano fuera de la estructura formal de la iglesia católica, fundando nuevas iglesias, uno de los rasgos característicos de estas "asambleas de hermanos" fue precisamente su carácter igualitario y horizontal de estos nuevos cultos que buscaban por todos los medios recuperar la sencillez y pureza de los primeros cristianos que según la biblia compartían sus recursos básicos y celebraban convivir en armonía teniendo todas las cosas en común.  Si bien nunca llegaron a vivir estrictamente en comunidades como los primeros cristianos, era este el modelo que imitaban, sobre todo tratando de ser uno amándose unos a otros como a si mismo, como el Señor les habían enseñado. Murillo Arcos aunque era doctor en Teología y Derecho Canónico, descubrió en esta convivencia con hermanos sencillos el sentido de celebrar la Santa Cena, que lejos de tratarse de una liturgia compleja significaba en verdad compartir el pan y el vino con sus pares con un corazón puro que busca a Dios y espero el retorno del Señor y con el Reino de los Cielos.         

Este perfil particular de comunidad, contrariamente a lo que quienes no han experimentado pertenecer a un grupo como este pueda pensar, es muy abierto y amigable especialmente para quienes más necesidades tiene. Aquellos que antes mendigaban en las entradas de las catedrales encontraron en estas iglesias sencillas un espacio donde pertenecer. Un lugar donde ser tratado como un "hermano" y donde su presencia importe. Un lugar donde la congregación de hermanos desinteresados que genuinamente esperan el reino de Dios materializa la enseñanza de Jesus que en donde haya dos o más Él está en medio. Y cuando Él está en medio se nota, manifestándose en libertad, alegria y amor por doquier.  Basta repasar fotos de la época para apreciar los gestos de camaradería, amistad y hermandad en actividades sencillas de recreación ocurridas con respuestas y compromiso no solo con su comunidad sino también de activismo en favor del resto de la sociedad. Muchas veces estas prédicas son malentendidas interpretadas como proselitismo religioso, pero para este grupo beneficiarios del regalo del Evangelio, esas buenas de liberación del mayor de los enemigos que existe sobre la tierra, el pecado y el engaño de Satanas de confundir lo efímero de esta vida con la razon de la existencia, que mejor que hacer saber a todo el mundo la obra liberadora de Jesucristo? Por supuesto que también se ocupaban de ayudar al prójimo, no solo a sus Hermanos en sus necesidades materiales, sino también a todos los seres humanos especialmente en sus necesidades espirituales. Porque también enseño el Señor "No solo de pan vive el Hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". 



Esta mirada retrospectiva de la vida de estos cristianos a través de la obra "La Sombra del Seminario" contrasta fuertemente con las prácticas contemporáneas de iglesias que en lugar de construir comunidades generan diferencias sociales entre aquellos que acuden a estos espacios, inclusive en muchos casos abusando de los más débiles a través de pedidos de aportes económicos a cambio de promesas ilusorias. Tristemente, lo que prometía convertirse en faros de igualdad y libertad terminaron desviándose para adoptar conductas especulativas reproduciendo los mismos males que habían sido llamados a combatir. La soberbia y la avaricia una vez más irrumpía malignamente desviando el camino de los creyentes apartándoles de la verdad y llevándolas a vivir vidas no comprometidas con el evangelio. Este tema no fue nuevo a Murillo Arcos quien ya en su vejez escribía al respecto alertando a sus hermanos respecto de la marcha de las iglesias y su incidencia en las prácticas comunitarias en la que poco a poco se fueron abandonando actividades al aire libre, como los pic-nics abiertos donde los jóvenes socializaban entre sí y con otros jóvenes del barrio junto a personas de distintas edades y condiciones sociales, como así también las reuniones en los locales de las iglesias, fueron abandonando cultos sobrios de estudios bíblicos y reflexion acompañados con himnos que exaltaban la presencia de Cristo, reemplazados por música estridente y discursos desde púlpitos alejados de la realidad cotidiana de personas sencillas para apelar a cultos pensados como espectáculos destinados a entretener a masas anónimas de asistentes.  

Este legado evangélico de perseverancia en la verdad, alejado de la vanagloria de buscar iglesias masivas con comunidades anonimas interpela en forma contundente a nuestro presente. ¿Hasta donde se puede aceptar una vida cómoda religiosa cuando el evangelio convoca a una movilización personal y búsqueda profunda de trascendencia. Influencia en esferas de poder económico y político, algo que para aquellas comunidades de hermanos habría sido directamente anatema, parece hacerse apoderado de las almas de dirigentes que en forma diligente optan por la notoriedad en lugar del trabajo silencioso pero continuo. Murillo Arcos fundó dentro de su comunidad su propia familia, testimonio a lo largo de varias generaciones de la autenticidad en lo que creía y la fé que puso en práctica. En la foto aparece sosteniendo a su primer nieta, Geraldine, cariñosamente apodada Dinchen, hija de su hija mayor María Luisa Murillo, casada con Gerardo Senfleben. 

Testimonio también del enorme amor que profesó esta familia entre sus miembros unieron indisolublemente las descendencias de Antonio Murillo Luque y Silvia Montaño, los dos hermanos inseparables que a lo largo de sus vidas, desde su juventud hasta ya avanzada su ancianidad permanecieron juntos sirviendo en distintas congregaciones de hermanos. Antonio, siendo arquitecto, tuvo el enorme privilegio de servir construyendo innumerables Iglesias en todo el país Link a "Promesas de Eternidad" así como centros comunitarios en zonas fronterizas.  Silvia a su vez tendría también una vida absolutamente comprometida y silenciosa apoyando a las iglesias en las que se integró ayudando al prójimo. Los tres hijos de Antonio Murillo Arcos con sus descendencias constituyen junto a tantas familias cristianas igualmente comprometidas testimonios de la factibilidad y relevancia de vidas integras predicando el evangelio, desde la sencillez de sus profesiones y tareas de amor desinteresado por los demás. Estas historias nos convocan, nos penetran obligándonos a reflexionar sobre el devenir de nuestras vidas en un mundo en el que el egoísmo y el individualismo nos divide y somete a unas vidas miserables al servicio de cuestiones intrascendentes que consume nuestras vidas despojándonos de lo que realmente importa.        

             

          

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