La vida de Antonio Murillo Arcos, el protagonista central de la obra "La Sombra del Seminario" se encuentra profundamente relacionada con la fundación de iglesias. Tales iglesias han servido de plataformas para la construcción de comunidades erigidas a parti de la argamasa proporcionada de una misma fe compartida, sencilla pero sólidamente fundamentadas en las enseñanzas de la Biblia. A principios de siglo XX, la época en la cual transcurre la historia, el concepto de religiosidad tanto en España como en Argentina, los dos escenarios de la narrativa, estaba estrictamente relacionada a rituales y liturgias muchas veces más formales que espirituales. Igualmente, las comunidades que se generaban en ambos países en torno a las iglesias católicas romanas reproducían los niveles sociales y jerarquías propias de la época, adoptando cada grupo el rol asignado: Las clases altas ocupando los primeros lugares, las clases medias en la mitad y las bajas hacia el fondo e inclusive los más pobres directamente fuera de las iglesias, mendigando y apelando a la caridad para sobrevivir.
Pero cuando Antonio Murillo Arcos decidió dejar sus hábitos como sacerdote para vivir una vida de cristiano fuera de la estructura formal de la iglesia católica, fundando nuevas iglesias, uno de los rasgos característicos de estas "asambleas de hermanos" fue precisamente su carácter igualitario y horizontal de estos nuevos cultos que buscaban por todos los medios recuperar la sencillez y pureza de los primeros cristianos que según la biblia compartían sus recursos básicos y celebraban convivir en armonía teniendo todas las cosas en común. Si bien nunca llegaron a vivir estrictamente en comunidades como los primeros cristianos, era este el modelo que imitaban, sobre todo tratando de ser uno amándose unos a otros como a si mismo, como el Señor les habían enseñado. Murillo Arcos aunque era doctor en Teología y Derecho Canónico, descubrió en esta convivencia con hermanos sencillos el sentido de celebrar la Santa Cena, que lejos de tratarse de una liturgia compleja significaba en verdad compartir el pan y el vino con sus pares con un corazón puro que busca a Dios y espero el retorno del Señor y con el Reino de los Cielos.
Este perfil particular de comunidad, contrariamente a lo que quienes no han experimentado pertenecer a un grupo como este pueda pensar, es muy abierto y amigable especialmente para quienes más necesidades tiene. Aquellos que antes mendigaban en las entradas de las catedrales encontraron en estas iglesias sencillas un espacio donde pertenecer. Un lugar donde ser tratado como un "hermano" y donde su presencia importe. Un lugar donde la congregación de hermanos desinteresados que genuinamente esperan el reino de Dios materializa la enseñanza de Jesus que en donde haya dos o más Él está en medio. Y cuando Él está en medio se nota, manifestándose en libertad, alegria y amor por doquier. Basta repasar fotos de la época para apreciar los gestos de camaradería, amistad y hermandad en actividades sencillas de recreación ocurridas con respuestas y compromiso no solo con su comunidad sino también de activismo en favor del resto de la sociedad. Muchas veces estas prédicas son malentendidas interpretadas como proselitismo religioso, pero para este grupo beneficiarios del regalo del Evangelio, esas buenas de liberación del mayor de los enemigos que existe sobre la tierra, el pecado y el engaño de Satanas de confundir lo efímero de esta vida con la razon de la existencia, que mejor que hacer saber a todo el mundo la obra liberadora de Jesucristo? Por supuesto que también se ocupaban de ayudar al prójimo, no solo a sus Hermanos en sus necesidades materiales, sino también a todos los seres humanos especialmente en sus necesidades espirituales. Porque también enseño el Señor "No solo de pan vive el Hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Testimonio también del enorme amor que profesó esta familia entre sus miembros unieron indisolublemente las descendencias de Antonio Murillo Luque y Silvia Montaño, los dos hermanos inseparables que a lo largo de sus vidas, desde su juventud hasta ya avanzada su ancianidad permanecieron juntos sirviendo en distintas congregaciones de hermanos. Antonio, siendo arquitecto, tuvo el enorme privilegio de servir construyendo innumerables Iglesias en todo el país Link a "Promesas de Eternidad" así como centros comunitarios en zonas fronterizas. Silvia a su vez tendría también una vida absolutamente comprometida y silenciosa apoyando a las iglesias en las que se integró ayudando al prójimo. Los tres hijos de Antonio Murillo Arcos con sus descendencias constituyen junto a tantas familias cristianas igualmente comprometidas testimonios de la factibilidad y relevancia de vidas integras predicando el evangelio, desde la sencillez de sus profesiones y tareas de amor desinteresado por los demás. Estas historias nos convocan, nos penetran obligándonos a reflexionar sobre el devenir de nuestras vidas en un mundo en el que el egoísmo y el individualismo nos divide y somete a unas vidas miserables al servicio de cuestiones intrascendentes que consume nuestras vidas despojándonos de lo que realmente importa.




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